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Hoy en día nadie puede discutir que la traducción cumple una función imprescindible a la hora de tender puentes entre distintas culturas, de transmitir ideas y de expandir el conocimiento. En el Día Internacional de la Traducción aquí tenéis a algunos de los traductores cuyo trabajo tuvo, por distintos motivos, una mayor repercusión o trascendencia. Ellos fueron unos pioneros en la globalización cultural.

 

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San Jerónimo de Estridón

 

El 30 de septiembre se celebra en todo el mundo el Día Internacional de la Traducción por ser el día en el que falleció, en la ciudad de Belén y en el año 420, San Jerónimo de Estridón. El santo italiano es considerado el patrón de los traductores ya que fue el primero en traducir la Biblia del original hebrero y griego al latín.

 

El objetivo que se marcó San Jerónimo al traducir la Biblia era hacer accesible el texto a la mayor parte de la población por lo que hizo uso de un latín corriente (o vulgar) alejado del latín clásico y, por ese motivo, su traducción se conoció como la Vulgata. Esta versión de San Jerónimo fue considerada la versión oficial de la Biblia hasta 1979.

 

 

Constance Garnett

 

La británica Constance Garnett fue pionera por partida doble. Por un lado, el hecho de ser mujer trabajadora a finales del siglo XIX ya es digno de elogio y admiración. Por otro lado, lo que le confirió reconocimiento fue que dedicó su carrera profesional a la traducción del ruso al inglés. Se convirtió así en el puente entre la cultura literaria de Rusia y el resto del mundo.

 

Fue la primera traductora al inglés de Chejov y Dostoievski, además de traducir a otros autores como Tolstoi o Gogol. Garnett fue una trabajadora incansable que tradujo más de 71 volúmenes hasta su retiro a principios de la década de 1930.

 

A pesar de ser una pionera, su trabajo no se libró de polémica. Diversos autores, como Nabokov, la acusaron de mala praxis al comprobar que en varias ocasiones omitía palabras o expresiones que no conocía. Sin embargo, la opinión general sobre su trabajo entre los grandes autores rusos es bastante positiva.

 

 

Edward Seidensticker

 

El lingüista estadounidense especializado en cultura japonesa fue el responsable de descubrir a occidente varias joyas de la literatura nipona. Después de la segunda guerra mundial se estableció en Tokio desde donde se dedicó, entre otras ocupaciones, a traducir al inglés a grandes autores coetáneos suyos como Tanizaki, Mishima o Kawabata. El trabajo de Seidensticker contribuyó a que, en 1968, Kawabata se convirtiera en el primer escritor japonés en obtener el Premio Nobel de Literatura.

 

Sus inquietudes también incluían la literatura clásica, por lo que también fue responsable de la primera traducción completa al inglés del clásico de más de 4.000 páginas Genji Monogatari o El relato de Genji,considerada por muchos como la primera novela de la historia, fechada alrededor del año 1.000.

 

 

Jorge Luis Borges

 

El famoso escritor argentino también fue un importante traductor. Siendo niño se publicó su primera traducción, una novela de Oscar Wilde. Debido a su dominio de idiomas pudo traducir al español obras de distintos idiomas como el alemán o el inglés. Alguno de los autores que tradujo al español fueron: Kafka, Faulkner, Virginia Woolf, Walt Witman o James Joyce.

 

La importancia de Borges como traductor radica en que defendió a ultranza que la traducción literaria no tenía que ser una copia exacta del texto original, sino que podía, y debía, intentar en todo momento superarlo, mejorándolo siempre que hubiera la ocasión. Borges fue el impulsor de esta corriente dentro del sector de la traducción que hoy en día sigue teniendo muchos adeptos.

 

 

Gregory Rabassa

 

Es, quizás, el traductor literario del español y portugués al inglés más conocido. De padre cubano y madre norteamericana, fue responsable de traducir a los mejores escritores latinoamericanos del siglo XX al inglés como Vargas Llosa, García Márquez o Cortázar, entre otros.

 

Su nombre se hizo conocido al aceptar el encargo de traducir Cien años de soledad de García Márquez al inglés. Estuvo preparando la traducción durante tres años y, una vez terminada, el propio García Márquez dijo que el texto traducido superaba al original.

 

A partir de entonces su popularidad en el mercado anglosajón fue creciendo hasta el punto de que su nombre era utilizado como reclamo comercial por las editoriales.