Cuando el público general ve una película doblada o lee un libro traducido no es consciente de que, en realidad, no está escuchando el guion original ni leyendo a su autor favorito, sino al traductor.

 

La mayoría de casos la profesionalidad del traductor hace que su intervención no entorpezca el estilo del autor, pero ha habido ocasiones en las que, por desconocimiento, autocensura o mala praxis, la mano del traductor ha destacado… y no siempre para bien. Veamos algunos ejemplos.

 

traduccion-jurada-madrid-marbel-traducciones

 

Desde su publicación, El guardián entre el centeno se convirtió en Estados Unidos en el libro más prohibido en las escuelas por su lenguaje obsceno y su representación de un comportamiento inadecuado para los adolescentes. Sin embargo, su primera traducción al español —que data de 1978— presentaba un estilo mucho más depurado y elevado que el original. Se atenuaron y suavizaron las alusiones sexuales, se rebajaron los insultos y las palabras malsonantes e incluso casi se eliminaron las alusiones negativas a la religión. Conclusión: un personaje como el de Holden Caulfield —su protagonista— se ha convertido en Estados Unidos en el paradigma del joven antisocial, problemático y casi delincuencial, mientras que en su versión española no pasaría de ser un joven travieso y pillo. Todo ello se explica por la situación política y social de la España de la época. Muchos autores y escritores se autocensuraban para evitar la censura oficial y conseguir así que se publicaran sus obras.

 

 

Por otro lado, según una encuesta realizada en los Estados Unidos, el humor de las películas de los Hermanos Marx se considera inteligente, sesudo y basado en la polisemia y los juegos de palabras. Por el contrario, la mayoría de españoles considera que su humor es el ejemplo más conocido del «humor absurdo». Seguramente en este caso el problema reside en un trabajo incorrecto por parte del traductor, que se limitó a traducir los juegos de palabras de forma literal, aunque en español carecieran totalmente de sentido. Hay que contar con que, en los años treinta, en España no había estudios reglados de traducción ni asociación profesional alguna, por lo que el trabajo de traductor estaba muy lejos de alcanzar la profesionalidad de la que hoy hace gala.

 

Un último ejemplo es la famosísima serie de Netflix El juego del calamar. Según un tuitero estadounidense, la traducción al inglés del original coreano deja mucho que desear. Así pues, según ha denunciado, la traducción presenta diálogos mal traducidos e incluso algunos fragmentos en los que se evidencia un claro desconocimiento de la cultura k-pop. ¿Tendrá algo que ver que el gigante audiovisual haya decidido recurrir últimamente a un software de traducción automática?

 

Este último caso evidencia a la perfección que sólo un traductor «humano» podrá localizar dobles sentidos, ironías, polisemias, referencias culturales y todos aquellos elementos inherentes a nuestra propia humanidad. Por ello, no se juegue el quedar mal ante sus clientes. En Marbel Traducciones damos sentido a las palabras, póngase en contacto con nosotros y déjelo en nuestras manos.